COMPLETA
Hoy y a pesar del mundo, estoy completa,
tan intacta que parezco cumbre,
tan inmensa que nadie me llega.
He recorrido durante la noche bastos océanos,
surcado cielos, navegado a través de mi sueño
y de mis mundos todos.
He llegado hasta el mismo silencio
donde todo muere,
donde la nada se convierte en un vació insondable
y profundo, donde cabe todo y al mismo tiempo
deja de existir como era,
como lo sabemos, como se supone existe.
Hoy, a pesar del mundo me siento en mi existencia toda
y te veo, claro como un farol en la oscuridad del océano.
Si Pudiera.
Si pudiera ser ángel,
ser santa para rezar
en cada orilla de tu cuerpo,
canonizarte en los bosques
de tu prolifero pecho.
¡Como quisiera ser agua,
agua sacra y bendita
de un monasterio de pueblo
y así, cuando tus manos en rezo
se unten piadosas a ella,
pudiera vagar por tu piel
como lo hace el lucero…
cuando acaricia a Dios,
en silencio.
¿DIME, QUE TAL SI….?
Qué tal si mañana…, el tiempo se rompe.
Qué tal si yo soy un sueño
de esos, que corren los días
y por breves instantes me vuelvo real.
Qué tal si sólo por hoy imaginas
que estoy a tu lado bordando tus dedos
aplastando furiosa el tedioso silencio.
Qué tal…, si fuera ésta, tu última vida,
¿Qué tal si no hay otra?,
¿Qué tal, si no está San Pedro,
ni Dios esperando con Ángeles blancos
y largas trompetas en un juicio final?
Qué tal, si sólo por hoy,
piensas que es ésta
la única hora, el último tiempo,
un solo presente, que marque con luces
todos los caminos que indiquen la meta.
(Quién sabe, tal vez…,
Se acaban los plazos,
y estamos en mora)
Dime señor, ¿Qué tal, si mis vidas
volvieran sonriendo a posarse en mi mano
y me hablaran muy quedas de tanto y de todo
de aquello y de eso, cómo por ejemplo,
de cuantas he muerto y cuantas nacido?
¿Qué tal si me encuentro…, una vez más con él?
¿Qué tal, si pudiera en un acto
de magia, descorrer el tiempo,
nacer en Egipto, en España, o Perú
dependiendo claro, lo qué en ésta vida,
me toque vivir?
Pero dime,
¡Ay, dime Señor! ¿que tal si partimos de cero,
y vuelvo a ser nívea, pluma, alondra y matriz?
Habítame
Habítame en el silencio de la tierra
En una esquina cualquiera,
plagada de soles desterrados.
Habítame furibundo y violento
Apasionado de alma.
Habítame.
PALABRAS
Las palabras…, van ardiendo en mi vientre,
ahí las acuno y embriago con mi deseo,
las aquieto con el amor que muerde voraz las letras,
las siembro en una tierra que orilla mi calma,
les doy vida con mi humanidad, que no es menor,
por Dios, que no es menor y por fin …, desaparezco en todo.
Cuando te pienso.
No se que me pasa, cuando sólo te pienso,
quisiera disolverme en cada parte de tu cuerpo,
ser en los abismos de tus ojos,
arrancar de tu boca…
los besos todos, que nos debe el tiempo…
Que tu mano se desgrane en mis yermas,
en las lomas más extensas,
en cada curva o pliegue de mi tierra.
Que me bordes con la boca ¡todo el cuerpo!.
quisiera romper, todas las muertes que nos llevan la ventaja,
que me digas al oído, “tanto te he esperado”
y responder en silencio, la vida ahora, ya nada nos debe.
Sueño con tu boca… ¡como si fuera mi único alimento!,
con el calor de tu lengua destapando secretos en la mía,
hurgando en los rincones de mi urgencia.
Sueño con estar en tus cimas, adentrarme en tus silencios.
Ansío sentir tu mástil invadiendo mi universo,
que se rompa el cielo con mi llanto,
que se caiga el día con tu beso.
Quiero adentrarme en tu carne, que seas en la mía,
sucumbir en cada esquina de tu cuerpo.
Vida mía, has llenado de tal forma mi interior,
que me abrumo con tu solo pensamiento,
cada poro de mi piel esta en espera,
mi boca sedienta de tu urgencia
y me corre por la sangre una brisa ¡tan intensa…, !
cuál si fuera yo huracán…, y tu mi arena.
No sé que me ocurre, cuando en silencio te pienso…
Has llenado de tal fuerza los huecos de mis manos,
que ya no cabe otra piel en ellas,
me inmolo en tu mirada a cada instante,
en esos ojos profundos, silenciosos y quedos.
Quisiera derramarme en el cielo ¡una y mil veces!,
no tener cuerpo, ser etérea.
Deshacerme de mi boca y piernas,
de mi rostro, de mi cuerpo entero…,
y ser en ti, como el aire, ¡ETERNA!
RENACER
En los miles de deslindes que se inserta mi palabra,
me deshago, completa e imperfecta,
me deshago en el tiempo que se curva en mi vientre,
en mis muslos, en el ángel que me cuida.
Es mi alma y es mi sangre y son mis dedos,
es mi tacto racimos de un silencio
que se ahonda en la curvatura
más extensa de mi ojo, de mi lengua de miel,
de mis poros de canela, de todo yo,
de toda mi femineidad, de todo lo que soy.
Del Dios que me habita, del que habito,
del que soy.
En los miles de comienzos,
en todos los finales que dan mi nueva partida,
mis muertes, mis eternos e incansables nacimientos,
en todos renazco una y otra vez,
floreciendo y muriendo eternamente.
¿Por qué escribo?
Escribo para el agua
que corre hambrienta por la tierra,
por los dioses que habitan en mis cerros,
aquellos que se empinan en mi sangre,
partiéndome los días con su espera.
Escribo,
por aquello que veo y me duele de la vida,
por el dolor que camina cabizbajo por mi lado.
Escribo, por los pobres, ¡los podridamente pobres!,
aquellos que lloran por migajas de alimento,
los que rompen la palabra con los ojos,
los que mueren en la misma tierra nuestra,
pero solos…, ¡Por Dios, abísmantemente solos!
¿y el mundo? ah…, el mundo mira indiferente,
sentado desde un palco de ironía.
Escribo por aquellos,
que están secos de esperanza.
Con el llanto derretido en las pupilas.
Con el miedo lacerándoles el alma.
Escribo para ti, si, para ti
que juegas con mi piel sin saberla de tus labios,
jamás canela de tus aguas, nunca miel de tus panales.
Y aún así, escribo para ti.
Escribo en el destiempo de un espacio,
Con un violín emancipándose en mi mano,
por la ira que se frunce en mi lamento.
Escribo en las sombras de la muerte
En la vida que brota de mi vientre.
Por la risa que me entrega un mar ajeno.
Escribo a la mujer,
Para ti mujer que lates en mis poros
a través de siglos de vivencias,
por ti y para ti, hembra, fémina, ¡gigante!
que lates hierofante
en mi vientre de manceba,
en la de fiera herida,
en la de vid inagotable, en la sumisa.
Por aquellas que mueren en manos de sus machos,
los rudos, fuertes, ¡sus hombres!.
En la que arde en su celo por las noches.
La que hurta del lamento, un poco de alegría.
Escribo para ti, mi Dios, que aún sin forma
me mueves por completo.
Por los libros que se apilan en mi estante.
A mis ojos que se gastan
despacio entre las letras,
tan quedos y despacio
a través de un tiempo inexistente.
Escribo para no morir en la palabra,
escribo porque de otra forma
moriría…, de tristeza.


